
VELA, una casa que se descubre en movimiento
Proyecto en curso. Las imágenes corresponden a una fase avanzada de definición espacial.
Esta reforma integral en Bizkaia parte de una vivienda amplia, abierta al paisaje y con una entrada de luz excepcional. El proyecto convierte esas condiciones en su punto de partida: una arquitectura interior serena, donde los espacios se suceden sin esfuerzo y la geometría abandona la rigidez a medida que se avanza.


Abrir sin diluir
Salón, comedor y cocina comparten una misma secuencia, pero ninguno pierde su identidad. En lugar de tabiques, los límites se dibujan con cambios de material, piezas de mobiliario y planos verticales que dejan pasar la mirada.
Entre salón y comedor hay una gran estructura exenta que actúa como filtro. Guarda y expone, ordena la circulación y mantiene abiertas las perspectivas cruzadas. Cada uso encuentra su lugar sin que la vivienda renuncie a su amplitud.
La curva como lenguaje arquitectónico
El gesto más reconocible de VELA está en el techo. Una línea sinuosa recorre la zona de estar e integra elementos estructurales y encuentros en el propio lenguaje del proyecto. Donde antes había interrupciones, ahora hay continuidad. Esa línea cose las distintas áreas y conduce la mirada hacia la luz y las vistas.
La curva regresa en la isla de cocina, en los encuentros del mobiliario y en algunos paramentos. No es un recurso decorativo. Acompaña el paso, suaviza las transiciones y ordena visualmente una planta de grandes dimensiones. Es un lenguaje que se repite sin imponerse.

Integrada en la zona social, la cocina se concibe como pieza central. La gran isla, de extremos curvos, combina superficies claras con una piedra de veta expresiva que da profundidad a una paleta contenida. El frente de trabajo prolonga esa materialidad, enmarcado entre grandes volúmenes de almacenaje.
Desde ella se cocina sin perder la relación con el comedor, el salón y el paisaje. Es un espacio funcional que forma parte de la vida que sucede alrededor.

Materia y textura: una paleta serena
La paleta se compone de tonos minerales, arenas, crudos y maderas oscuras. La piedra toma protagonismo en la cocina, y las superficies continuas y los revestimientos texturizados envuelven la arquitectura. La madera introduce contraste y profundidad, sobre todo en las zonas más íntimas.
Los textiles completan la experiencia táctil. Tapicerías generosas, cortinas ligeras y tejidos de trama visible tamizan la luz y devuelven la escala humana a estancias amplias. El resultado es una sofisticación contenida, que no depende del gesto llamativo sino de cómo la materia responde a la luz a lo largo del día.


Dormitorios con mobiliario a medida
Escritorios, bancos, estanterías y almacenaje se integran en la propia arquitectura. El mobiliario a medida libera el centro de cada habitación y permite distintas escenas en un mismo espacio: estudiar, leer, descansar o mirar afuera.
En la suite principal la atmósfera se recoge. La madera oscura envuelve la zona de descanso en contraste con textiles claros, y los encuentros curvos acompañan la transición hacia lo privado.


Superficies pétreas y tonos neutros construyen un fondo casi monolítico. Sobre él, los lavabos cilíndricos se leen como piezas con identidad propia, y la grifería oscura introduce un trazo gráfico y preciso.
La ducha se resuelve con un único plano de vidrio que reduce los elementos visuales al mínimo y preserva la amplitud. La curva vuelve en espejos, encimera y encuentros. El baño no es un anexo: forma parte del mismo relato.


VELA habla de continuidad. Muestra cómo una vivienda de grandes dimensiones puede sentirse cercana cuando arquitectura, materia y mobiliario trabajan a la misma escala. Es una casa abierta y luminosa, pero capaz de recogerse cuando hace falta.
